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LaDy_Paranoia

Mira bien donde te Sientas

Mira bien donde te Sientas

3.00 de la mañana. Verbena de San Juan

Las barras de bares de la plaza estaban hasta los topes de gente y como es de suponer los baños rebosaban.

Yo me hacia irremediablemente pis, y pedí a Raquel que me acompañara.

Había semejante cola, que mientras yo la guardaba, ella decidió pedir mientras algo en la barra (para así hacer tiempo).

Media hora estuve en la cola y Raquel no aparecía (“se habrá vuelto con estos a la verbena, suponía yo, bueno luego la busco”)

Cuando por fin conseguí pasar al baño, y volver a la barra, observé que Raquel había hecho un amigo, y bastante guapo.

Me acerqué y la hice una señal con le brazo como que ya había terminado. Y ella me hizo otro gesto en plan (si, si… ahora voy).

Así que me quedé otro rato en la puerta justito al lado de un cubo de basura (buen sitio…) esperando.

En esto que aparece una mujer de mediana edad, caminaba todo azarosa, abanicándose para paliar el calor y tal vez los sofocos menopaúsicos (quien sabe).

Y con mucho salero se acerca al cubo (que tenia puesta su tapa boca abajo, y daba impresión de taburete), y tras un gran suspiro “Aysss” se sienta de golpe a la vez que me sonríe.

Yo por supuesto, la sonrío también. Al tiempo que oigo un “Crack”, “Crack”, “Crack”.

Y atónita veo, como la tapa del cubo se ha doblado y se ha introducido dentro del cubo, justo delante del trasero de la mujer, que no deja de descender, dejando a la pobre totalmente encajada.

Mi sonrisa se empezó a convertir en una carcajada camuflada.

Yo que la veo ahí, incrustada cual cangrejo ermitaño, únicamente con la cabeza, piernas  y antebrazos fuera.

[En ese preciso instante me vino a la mente la escena de la película “Esta Casa es Una Ruina” cuando Tom Hanks se queda incrustado en un agujero del piso de arriba que estaba cubierto por una alfombra. También me venia  la imagen de un muñeco que me regaló mi tía cuando era pequeña (era un payaso metido en un cucurucho. Tenía las manos y cabeza de corcho y el cuerpo de tela cosido alrededor del cono. En la parte inferior del cono tenia un pequeño palo que atravesaba todo el cucurucho e iba pegado a la cabeza y tapado por la tela, de tal forma que  al levantar el palo impulsaba al payaso haciendo que se le desplegara el cuerpo y asomara por encima del cucurucho)]

La pobre mujer me tendía las manos, pidiendo socorro. Y yo por mucho que empujaba no conseguía sacarla de su trampa, lo único que conseguía al tirar era volcar el cubo.

En esto que aparece un hombrecillo que estaba viendo la jugada y se aferra fuertemente a la base del cubo (pretendiendo con ello que yo siguiera tirando sin volcarle).

Pero mis intentos eran frustrados, además el ataque de risa que me estaba entrando hacia que mi poca fuerza se convirtiera en nula.

A continuación apareció otro hombre, este por el contrario parecía guarda-espaldas o portero de una discoteca, era enorme. Y al ver la situación, ocupó mi lugar

Pero por mucho que el otro hombrecillo se empeñaba a tirar hacia abajo del cubo, sin dejar de abrazarse a él, las fuerzas de este otro eran tales que lo único que consiguió fue acabar volcándola.

Yo entonces si que no pude contener mas mi ataque de risa. Si ya era duro no llorar viendo a la pobre mujer con sus piernecillas ahí colgando alrededor del borde del cubo, y sus manillas moviéndose de  derecha a izquierda, diciendo “pero será posible, será posible que esto me esté pasando a mi”…. Ya verla en el suelo doblada hacia delante era demasiado para mi.

Fue en ese instante cuando el camarero se percató del incidente y rápidamente salió de la barra y ayudó al guarda-espaldas a levantar el cubo.

El hombrecillo, seguía empeñado en abrazarse fuerte a la base de este (justo debajo de donde supuestamente tenia el culo la susodicha mujer).

Y ya, por fin entre el guarda-espaldas, alzándola por los brazos, el camarero por los pies, el hombrecillo por el "culo", y con muchos esfuerzos y tirones, consiguieron extraer a la pobre mujer de ahi dentro; esta al verse liberada no podía hacer otra cosa que darles abrazos y besos.

Yo me seguía riendo sin parar, y como ya llevaba un tiempo ajena a la operación de rescate  preferí no acercarme para no abochornar más a la mujer.

En ese mismo instante Raquel, ajena a los hechos venía a buscarme, y al verme en ese estado me preguntó  que producía en mi tanta risa.

Intente contárselo, pero me reía tanto que no fui capaz, lo mismo me pasó cuando me propuse contarlo al resto del grupo que esperaba en la plaza.

Cuando a la mañana siguiente reuní fuerzas para contarlo, todo el mundo se rió tanto, que hasta pensé llevar el discurso al “Club de la comedia” (auque seguro que no me hubiera quedado igual).

De todos modos… pobre mujer!!.

Espero que nunca llegue a leer este artículo.

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